lunes, 13 de abril de 2009

UNA VISIÓN SOCIOEDUCATIVA DE LA ACCIÓN PEDAGÓGICA

Desde una perspectiva socioeducativa, se plantea una concepción de apertura ante la acción pedagógica, dejando de lado la rigidez de la escuela que se plantea generalmente: como una institución dogmática, de la que sin más, debemos formar parte, para insertarnos efectivamente en la sociedad.

La acción educativa se plantea vinculada a la sociedad, la cultura, la política, y no aislada de estas. En función de ello, la educación propiamente dicha, no se limita a la transmisión de información de un emisor a un receptor, más concretamente, de maestro a alumno, sino que se va obteniendo a partir de la concepción del sujeto en un entorno que lo propicia.

Por lo anterior, puede inferirse la importancia que se le da a la individualidad de la persona, desde la perspectiva de poseer la capacidad de asumir roles de enseñante o de enseñado, sin necesariamente ser observado como un ser superior ante quien aprende de él.

Por lo tanto, la enseñanza sugiere una actividad que está lejos de figurar como imponente del aprendizaje; es más bien una actividad que surge de la conciencia del ser humano, descartando aprehensiones mecanizadas y privilegiando el análisis, la crítica, y en general, la participación activa del sujeto.

De hecho, se plantea la búsqueda de ideales que no solamente se centren en adquirir el conocimiento por adquirirlo, sino en el logro de habilidades e ideales sociales que permitan al individuo actuar en coherencia con el propio medio en el que actúa.

Por otro lado, refiriéndome al caso concreto del aprendizaje, este es adquirido de manera inconsecuente, no porque se deje a la deriva, sino por que dependerá, no de prescripciones rígidas, sino de la actuación y desenvolvimiento del sujeto en su entorno.

A partir de todo este marco, la concepción del hombre lo muestra como un agente activo ante las demandas sociales, que a su vez se vuelven individuales, pues le repercuten. Se le reconoce la capacidad de convivencialidad en plena libertad, de manera tal que se le permita organizarse para lograr su preparación para ser un individuo productivo, en pro de sí mismo, de los demás y de la sociedad en su conjunto.

Así pues, la práctica pedagógica se plantea a través de un trabajo colaborativo, que implica la colectividad y la convivencialidad, con lo que innegablemente se aportan los saberes de los que cada individuo dispone, para conformar la acción educativa.

Monica del Rocío Cervantes Velásquez pasante de sexto semestre de la Lic. en Asesoría Psicopedagógica de la Universidad de Autónoma de Aguascalientes.

domingo, 5 de abril de 2009

La educación en la postmodernidad

Como ya es sabido el concepto de “valor” y “hombre” han ido cambiando a través del tiempo; el hombre mismo es quién ha cambiado estos conceptos proporcionando tal vez una gran gama de interpretaciones que por ser tan solo “interpretaciones” se prestan para la subjetividad total. Por lo tanto ¿Cómo poder describir al hombre postmoderno y sus valores?

El hombre postmoderno ha cambiado su pensamiento de algunas cosas de manera radical. El hombre ha comenzado a ser parte de un mundo consumista, en el que el tener pesa más que el ser, es decir, la condición social es fácil: entre mas tienes más eres. Otra característica es que el hombre postmoderno sigue viéndose a sí mismo como objeto de producción: si no produces, no sirves; ésta idea de producción se ha trasladado a las instituciones escolares, viendo al alumno como un objeto de fabricación en un futuro próximo y dejando de lado la formación integral del alumno como persona, no como producto.

Entre varias cosas ha ido aumentado la dependencia por la tecnología, la liberación personal, y el “culto al cuerpo”, es decir, los individuos en el afán de lucir bien se preocupan demasiado por su apariencia externa y por si fuera poco también se etiqueta a las personas por como lucen.

Ante toda esta idea los valores han quedado distorsionados por una sociedad contemporánea que se limita a sobrevivir, tratando de que la vida sea cómoda y/o placentera en la medida de lo posible. Los valores están distorsionados pero están presente; como ejemplo se pueden mencionar los valores universales como el respeto, la tolerancia, la honestidad, etc.; estos valores son los más mencionados comercialmente hablando. Pero sin duda alguna cada individuo es responsable del valor que le da al valor, por lo tanto aunque el nombre de los valores sea el mismo según tiempo y espacio, la concepción y ejecución de cada uno de ellos es diferente.

Los valores nos vienen bombardeados por un sinfín de medios, personas y lugares: la familia, la escuela, la televisión, la religión, etc. Por lo que nos encontramos en una sociedad que quiere “formar individuos con valores”, sin embargo choca con el mismo estilo de vida que lleva la sociedad misma. Eso quiere decir, que se le da importancia a los valores porque se sabe que son esenciales para vivir una vida sana, pero muchos nos quedamos en el saber y a la hora de enfrentarse a diferentes circunstancias de nuestra existencia el valor del valor disminuye o cambia según convenga, haciendo el estilo de vida postmoderno un vicio.

La sociedad postmoderna es muy compleja, por lo tanto el camino para encontrar un equilibrio en cualquier problemática, debe ser igual de complejo. Hacer uso de la educación es una de las mejores opciones, sabemos que la educación está presente en todo espacio y tiempo, sin embargo de alguna manera la educación y no solo la formal ha ido deformando el estilo de vida de los individuos ya sea para bien o para mal, según el punto de vista que se tome en cuenta; pero así como la educación deforma entonces también forma, por lo tanto se deber recomenzar o comenzar un arduo trabajo utilizando dicha herramienta para la formación integral de cada individuo, y no importa el tiempo que pueda tomar el proceso de re-educación, solo se necesita plantar la semilla o en su caso regar la plantita, tarea difícil, pero no imposible.

Analógicamente la educación es como un oasis en el desierto, en donde es posible que se alucine que existe un gran oasis lleno de agua, pero lo cierto es que no existe gota alguna, es decir, no se debe pensar en la educación como herramienta para llevar a una utopía, sin embargo con una buena orientación de las estrellas en el desierto se puede llegar no solo a un oasis, si no que mas allá de; por lo que se necesita estar consientes de la realidad, con una actitud crítica, una mentalidad abierta y flexible y sobre todo con un sentido humanista y la con el valor de creer todavía en el otro.


Dannaé Yaset Ruvalcaba Franco estudiante de sexto semestre de Asesoría Psicopedagógica.