El fin de la educación es responderse quién es el Hombre y qué es el Hombre para comprender que nacemos para humanidad, pero solamente llegamos a serlo cuando somos cómplices y nos contagiamos en el arte de Ser Humano, algo importante en ese proceso es no perder de vista el mantenimiento de un “espíritu joven”, que sea capaz de demostrar las actitudes que reflejen el arte de Ser Humano.
El “espíritu joven” son aquellos componentes vivos en la interacción con el Otro como la comunicación, el tiempo y el acompañamiento que permiten practicar y desarrollar actitudes. Sin embargo, ahora se ven quebrantados esos componentes por la globalización y el capitalismo.
En la comunicación con el otro se ve reflejado ese efecto por el miedo o temor a estar con el Otro, porque eso implica responsabilidad; es decir, significa escuchar y estar con todos los sentidos y no solamente como lo viene fomentado las relaciones interpersonales el capitalismo, que es la comunicación funcional y nada comprometida más que con uno mismo; siendo un conflicto porque en actualidad todos rechazan cualquier tipo de responsabilidad.
Mientras en la relación del Hombre con el tiempo, el sujeto se encuentra desfasado de ese componente por ir cada más rápido sin respeta su propia identidad o características biológicas, psicológicas y sociales por querer vivir deprisa y tratar de abarcar más de lo que se puede en un tiempo mínimo.
Pero, tal vez el más afectado de los componentes antes mencionados para lograr un “espíritu joven” es el acompañamiento, ya que de él surge estar comprometido con el Otro desde Tiempo y Ser, sino existen estos dos elementos no se da el acompañamiento y sino no se da, no existen actitudes puesto que no puedes desarrollarlas o practicarlas; estando con la ausencia de todos estos componentes del “espíritu joven” te das cuenta que estás en una isla desierta, pero al hacerlos vivos estarías re-encontrándote con las personas de esa isla supuestamente desértica.
Entonces, ¿Cuál es el meollo de la educación? Tal vez sea que enseñar, de que manera enseñar, de acuerdo a la etapa por la que transita el sujeto y como suscitar el deseo y/o la curiosidad de aprender, este último como la clave principal de la enseñanza hacia un aprendizaje significativo.
En la escuela solamente se educa para adquirir conocimientos, utilizar el mínimo de habilidades que vienen por naturaleza en el Humano (solo permiten la adaptación de éste en su entorno), además de ignorar la etapa en la que esta el sujeto ( sólo se preocupa por que el adolescente aprenda matemáticas, física, etc cuando éste esta buscando cómo relacionarse con el otro), por lo tanto es una educación para que sean Hombres y no Humanos, ya que el único valor que le dan es en coeficiente intelectual o en términos de clasificación y es entonces cuando solo la enseñanza ha servido para discriminar.
Por lo tanto, una buena educación humanizadora, no es aquella que se preocupa por razonar las disciplinas en términos de horas, de coeficientes y de puestos para dar como consecuencia respuestas automatizadas como suele ocurrir; la escuela humanizadora apela al supuesto de que los humanos no somos problemas ni ecuaciones, sino historias, de tal manera que hay que potenciar en los que aprenden la capacidad de preguntar y preguntarse esa inquietud sin la cual nunca se sabe realmente nada aunque se repita todo, es decir sino llega a preguntar sigue con lo mismo sin saber realmente nada y no se llega a construir actitudes residentes en el “espíritu joven”.
Al espíritu le gusta darse formas y es su gusto también que esas formas rompan lo idéntico una y otra vez., con el propósito de romper paradigmas (respuestas programadas) para que realmente se llegue a acompañar al Otro.
¿Por qué si nacemos siendo libres y espontáneos conforme pasa el tiempo nos volvemos limitados y con respuestas programadas?...es entonces donde surge la pregunta de porque no cambiar y alterar esas condiciones de manera creativa una y otra vez para romper aquellos paradigmas para no dejar morir al espíritu joven, que este nos va a permitir a estar activamente con el Otro; es decir, no conformarse con aquellas respuestas programadas sino que con la creatividad de saberse hacer notar y saber ser con los semejantes.
Saber algo más que el simple resultado…¿Cómo se llama el Sujeto?
“Ver más allá”…fin de la educación humanizadora…
Adriana Velázquez Richarte pasante de sexto semestre de la Licenciatura en Asesoría Psicopedagógica.
El “espíritu joven” son aquellos componentes vivos en la interacción con el Otro como la comunicación, el tiempo y el acompañamiento que permiten practicar y desarrollar actitudes. Sin embargo, ahora se ven quebrantados esos componentes por la globalización y el capitalismo.
En la comunicación con el otro se ve reflejado ese efecto por el miedo o temor a estar con el Otro, porque eso implica responsabilidad; es decir, significa escuchar y estar con todos los sentidos y no solamente como lo viene fomentado las relaciones interpersonales el capitalismo, que es la comunicación funcional y nada comprometida más que con uno mismo; siendo un conflicto porque en actualidad todos rechazan cualquier tipo de responsabilidad.
Mientras en la relación del Hombre con el tiempo, el sujeto se encuentra desfasado de ese componente por ir cada más rápido sin respeta su propia identidad o características biológicas, psicológicas y sociales por querer vivir deprisa y tratar de abarcar más de lo que se puede en un tiempo mínimo.
Pero, tal vez el más afectado de los componentes antes mencionados para lograr un “espíritu joven” es el acompañamiento, ya que de él surge estar comprometido con el Otro desde Tiempo y Ser, sino existen estos dos elementos no se da el acompañamiento y sino no se da, no existen actitudes puesto que no puedes desarrollarlas o practicarlas; estando con la ausencia de todos estos componentes del “espíritu joven” te das cuenta que estás en una isla desierta, pero al hacerlos vivos estarías re-encontrándote con las personas de esa isla supuestamente desértica.
Entonces, ¿Cuál es el meollo de la educación? Tal vez sea que enseñar, de que manera enseñar, de acuerdo a la etapa por la que transita el sujeto y como suscitar el deseo y/o la curiosidad de aprender, este último como la clave principal de la enseñanza hacia un aprendizaje significativo.
En la escuela solamente se educa para adquirir conocimientos, utilizar el mínimo de habilidades que vienen por naturaleza en el Humano (solo permiten la adaptación de éste en su entorno), además de ignorar la etapa en la que esta el sujeto ( sólo se preocupa por que el adolescente aprenda matemáticas, física, etc cuando éste esta buscando cómo relacionarse con el otro), por lo tanto es una educación para que sean Hombres y no Humanos, ya que el único valor que le dan es en coeficiente intelectual o en términos de clasificación y es entonces cuando solo la enseñanza ha servido para discriminar.
Por lo tanto, una buena educación humanizadora, no es aquella que se preocupa por razonar las disciplinas en términos de horas, de coeficientes y de puestos para dar como consecuencia respuestas automatizadas como suele ocurrir; la escuela humanizadora apela al supuesto de que los humanos no somos problemas ni ecuaciones, sino historias, de tal manera que hay que potenciar en los que aprenden la capacidad de preguntar y preguntarse esa inquietud sin la cual nunca se sabe realmente nada aunque se repita todo, es decir sino llega a preguntar sigue con lo mismo sin saber realmente nada y no se llega a construir actitudes residentes en el “espíritu joven”.
Al espíritu le gusta darse formas y es su gusto también que esas formas rompan lo idéntico una y otra vez., con el propósito de romper paradigmas (respuestas programadas) para que realmente se llegue a acompañar al Otro.
¿Por qué si nacemos siendo libres y espontáneos conforme pasa el tiempo nos volvemos limitados y con respuestas programadas?...es entonces donde surge la pregunta de porque no cambiar y alterar esas condiciones de manera creativa una y otra vez para romper aquellos paradigmas para no dejar morir al espíritu joven, que este nos va a permitir a estar activamente con el Otro; es decir, no conformarse con aquellas respuestas programadas sino que con la creatividad de saberse hacer notar y saber ser con los semejantes.
Saber algo más que el simple resultado…¿Cómo se llama el Sujeto?
“Ver más allá”…fin de la educación humanizadora…
Adriana Velázquez Richarte pasante de sexto semestre de la Licenciatura en Asesoría Psicopedagógica.